El Corredor Seco de Centroamérica, ante la peor sequía de los últimos 30 años

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El fenómeno de El Niño, potenciado por el cambio climático, ha provocado que el Corredor Seco de Centroamérica, una de las zonas más vulnerables del mundo por las inestables condiciones meteorológicas, esté ante la peor sequía de los últimos 30 años tras encadenar grandes periodos desfavorables.

Desde 2012, las lluvias se resisten en Centroamérica y la sequía ha echado a perder las cosechas en 2013, 2014 y 2015, siendo responsable de la pérdida de entre el 70 % y el 80 % de la producción de maíz y fríjol, la dieta de las familias del Corredor Seco, advierten en una entrevista con Efe los expertos Guido Calderón e Iván Aguilar.

Esta situación de por sí “compleja”, reconoce Aguilar, quien tiene un amplio conocimiento de lo que sucede en esta zona de la región, no tiene una solución fácil, pero, añade Calderón, no pasa solo por el dinero, sino por la “voluntad política de querer entrarle al problema”.

“Los Gobiernos de Centroamérica no quieren reconocer que el área tiene una alta vulnerabilidad. El hecho de que esté lloviendo ahora no soluciona el problema, porque lo único que hacemos es darle vueltas a la tortilla”, proclama Calderón, de origen salvadoreño, y Aguilar añade: “Y la vulnerabilidad no es consecuencia de la casualidad”.

A su juicio, esta fragilidad, causa de un sistema económico desigual, se ve acrecentada con una mala distribución de la riqueza, la falta de capacidad de los Gobiernos para responder y la debilidad de los sistemas de educación y sanidad, que ni siquiera proporcionan una cobertura básica.

En este contexto, las familias del Corredor Seco, arguye Aguilar, tienen asegurada la dieta de la desnutrición, a base de maíz y fríjol – “más maíz que fríjol”, puntualiza-, y estos sustentos “no garantizan una alimentación adecuada ni en calidad ni en cantidad”, sino que ese erigen en una comida “muy, muy básica, que solo da para no morirse”.

Los datos hablan por sí solos: más de 3,5 millones de personas están sufriendo las consecuencias de una crisis humanitaria silenciada que se ha convertido en una “miseria tolerable”, y es que la desnutrición crónica “no mata”, solo condena a la pobreza, lo que parece haber provocado otro problema: el olvido de la región.

Si la situación no cambia la pobreza solo aumentará hasta niveles insospechados, por lo que ambos abogan por cambiar la utilidad de los suelos, ya gastados, para dedicarlos a bosques de protección y cuestiones agroforestales, en los que se implementen sistemas de producción de granos básicos, y crear condiciones de resiliencia.

Estos puntos y garantizar la protección social y un servicio de atención primaria en salud básico son una parte de la solución, pero para ello, continúa Calderón, Centroamérica debe unirse: “La región no está haciendo un trabajo de respuesta en conjunto” y el funcionamiento desarrollado hasta ahora no es la fórmula del cambio.

Para transformar esta realidad, aunque las esperanzas son mínimas, se buscará llevar a la Cumbre Mundial Humanitaria de Turquía el mensaje de que “estos países requieren inversión humanitaria porque los Estados no están haciendo lo que tienen hacer”, bien por falta de capacidad o de voluntad, pero la situación es ya “insostenible”.

Fuente: www.mundoagropecuario.com

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